Una casa para un amigo

Un hombre sabio llamó a uno de sus trabajadores y le dijo: “Ve a la parte más profunda del país y constrúyeme una casa. Las decisiones del plano y de la construcción propiamente dicha están en tus manos, pero recuerda, tu trabajo es para un amigo mío muy especial”.

Y así el trabajador partió con un corazón ligero a su campo de trabajo. Materiales de todo tipo abundaban allí, pero el trabajador tenía sus propias ideas. “Seguramente”, pensaba, “conozco mi negocio. Puedo usar materiales de menor cantidad y engañar a mi patrón un poquito, y aún así hacer que el trabajo final se vea bien. Sólo yo sabré que lo que construí tiene puntos débiles”.

Finalmente se terminó la construcción y el trabajador se reportó con el hombre sabio. “Muy bien”, dijo. “Ahora ¿recuerdas que yo deseaba que usarás sólo los mejores materiales en esta casa porque quería regalársela a alguien? Mi amigo, tú eres para quien mandé construir esa casa. Es toda tuya”.

Cuánto se parece esto al hombre. Viene a la tierra como un extraño, con total libertad puede construir como le parezca, pero en la mañana de su resurrección recibirá lo que ha construido como morada eterna.

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