Un testiomonio de fe

El miércoles 18 de agosto de 1999, como a las 5:50 pm., me encontraba en mi oficina mientras recibí una llamada de mi esposa para decirme que nuestro hijo mas pequeño, Oscar Omar, de dos años de edad, se sentía mal. En días pasados había estado con vómito, el cual fue controlado con una inyección que su pediatra le indicó.

Al estar charlando por teléfono con mi esposa, la noté muy intranquila. Terminé unas cosas en la oficina y alrededor de las 6:00 partí para mi casa. Llegué y vi a Oscar Omar en la cama, muy extraño, sólo quería que mi esposa lo cargara en sus brazos y no se consolaba con nada.

Al llevarlo con su pediatra, iba con el cuerpo muy duro y no se sostenía ni en los brazos de mi esposa. Al llegar con su pediatra notamos que la doctora estaba muy nerviosa, tanto como nosotros. Mientras revisaba al niño, mi esposa intranquila le preguntaba de manera constante: ¿Qué tiene doctora?, ¿qué tiene mi bebe?

En cosa de un minuto nos dice de la manera más seria: “Su hijo presenta un cuadro de meningitis o encefalitis”. La meningitis es una infección de los meninges, es decir, las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Sentí que el mundo se me venía encima, y mi esposa estaba llorando desconsoladamente. La doctora añadio: “Es necesario internarlo urgentemente y que lo valoré un Neurólogo Pediatra’.

Al instante nos dirigimos al hospital; antes dejamos a nuestros otros dos hijos (Gerardo y Cynthia) con mi mamá, cuya casa queda rumbo al hospital. Desde que la doctora nos comentó lo que tenía, sólo me dediqué a ofrecer este sufrimiento a Dios.

Se lo dedicamos y le pedía a Jesús que tuviera misericordia. Me abandoné por completo a nuestro Señor Jesucristo y le dije que Él sabia lo que hacía, que se apiadara de este angelito (el menor y más inquieto de los tres que Él me ha entregado para cuidárselos).

Durante el trayecto al hospital, Óscar Omar se mostraba cada vez peor. Le pedí a mi esposa que hiciera oración y que se pusiera tanto ella como el niño en manos de Dios, que es un padre bondadoso y amoroso. Así lo hicimos. Mi mamá se comunicó de inmediato con la familia y todos se pusieron a hacer oración en favor del niño.

Llegamós a Urgencias y la única reacción de Óscar Omar era que no quería apartarse de su mamá. Desde el hospital le hablaron al especialista y éste giro instrucciones de que le fueran practicando unos exámenes mientras él llegaba. Los minutos se me hicieron eternos. No se cuánto tardó en llegar el doctor, pero decidí buscar inmediatamente al mejor de los doctores: el que todo lo puede, para quien no hay imposibles, a quien le pides y te ayuda, con quien te abandonas y Él sabe cuál es tu mejor consuelo.

Y me dirigí a su consultorio, “la capilla” del hospital, que estaba muy retirada del area de Urgencias. En el trayecto entre Urgencias y la capilla me encontré con un Cristo hermoso y me puse a hacerle oración. Le dije con mi corazón desgarrado que mi bebé estaba enfermo, que presentaba un cuadro de meningitis y que solamente Él lo podía ayudar.

No sé cuánto tiempo estuve allí haciendo oración, el caso es que llegó el doctor y nos dijo que tenían que hacer un estudio al bebé, para lo cual era necesario sacarle un liquido de la columna vertebral, y que se los teníamos que dejar solo.

Nos pidierón que saliéramos del cubículo donde estaba nuestro bebito y fuimos afuera. Como a los 20 minutos sale el doctor y nos informa que el niño estaba muy inquieto, que no le quería aplicar un cédante (por las condiciones en que se encontraba) y que no le habían podido realizar el estudio porque no se dejó.

Volvimos a entrar y ahí estaba Óscar Omar, sentadito sin reaccionar. Lo tomé de los hombros y le dije: “Hijo, ahorita Dios te va a curar…” y las oraciones se empezaron a sentir (las de mi esposa, las de la familia y amigos y mi abandono en Jesús y en la Virgen María). Y le puse mi mano extendida con la palma hacia arriba (como siempre lo hago con mis tres hijos) y le dije “Chócala, compadre, chócala…”. Y pasó algo maravilloso: Óscar Omar extiende su mano y la choca conmigo. ¡Dios mío, mis ojos y los de mi esposa se llenaron de lágrimas de alegría!

Empezó a reaccionar y así fueron sucediendo cosas maravillosas… Nos dio un besito, empezó a sonreír y a manifestar cosas normales en él, a pesar de que no le habían aplicado ningún medicamento, ni sueros ni nada por el estilo.

Al día siguiente siguió evolucionando positivamente. Sonrío, habló, caminó… Y hoy, 20 de agosto de 1999, a las 11:00 horas lo dieron de alta. La conclusión del especialista es que:

1.- Tal vez un medicamento que le pusieron para controlar el vómito fue lo que provocó esta reacción.

2.- Que posiblemente se deba a que como su hermanito había tenido un cuadro viral hacia 15 días de varicela, pudo haber afectado.

3.- Que fuera una reacción de la vacuna de la Haemophilus Influenzae. En fin, fueron varios argumentos los que científicamente trataban de explicar el padecimiento de mi bebé.

Sinceramente yo no soy doctor, pero para mi, con toda honestidad, fue Jesús quien lo curó, independientemente de que haya sido o no que tuviera realmente meningitis.

Abandónate en Jesús y en María y ellos obran en tu vida. Me interesó enviar este testimonio en el año del Padre, pues si yo, un ser humano con todos los defectos del mundo, sentí ese amor tan grande que tal vez siempre he sentido pero se manifiesta más en momentos difíciles, con mayor razón nuestro Padre Dios, que nos supera en toda bondad, misericordia, amor y bendiciones.

¡Qué este relato de amor y fe inspire tu día!

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