Citas famosas
“Un aburrido es uno que te priva de la soledad sin ofrecerte compañía”
Main Menu
| INICIO |
| TEXTOS |
| VIDEOS |
| PRESENTACIONES |
| BUSCADOR |
| ENLACES |
| LIBROS GRATIS |
| --------------------------- |
| Libro de visitas |
| Recomendar este sitio |
| Contactar |
Usuarios registrados
¿Quién está en línea?
Template Chooser
Si tan sólo...No llenemos las cabecitas y los corazones de nuestros niños con expresiones lastimosas e hirientes cuando cometan errores. Aprendamos a tenerles paciencia y a ser concientes de que sus primeros años de vida son como esponjas, lo mismo absorben lo bueno que lo malo. Cuando nuestros pequeños cometan travesuras, quiebren un perfume, rayen una pared, tiren el vaso de leche sobre el mantel, o simplemente dejen su habitación en pleno desorden, respiremos profundamente antes de emitir cualquier palabra o sentimiento de enojo. Entonces ya estaremos dando el primer paso para aprender a tenerles paciencia. Yo pagaré sus deudas...
Así decía el rótulo con grandes letras blancas puesto en una calle de cierta ciudad inglesa. "Exactamente lo que tú necesitas", musitó Tomás a Juan, su compañero de trabajo, cuando ambos se pararon delante del letrero. "¡Tantas veces me has dicho que estabas apurado respecto a la cuenta del doctor y algunas otras!". Tomás leyó en voz alta: "Acudan al número 137 de la calle Mayor, el próximo sábado, a la una de la tarde, trayendo sus facturas pendientes y les serán pagadas". Juan exclamó riéndose: " De seguro que no lo crees, debe ser una trampa o una broma". Juan suspiró: "¡Ojalá fuera verdad! Pero demasiado bueno para serlo". Sin embargo, miraba cada día el letrero al salir de la fábrica... ¡tenía tantas deudas! El sábado tomó una determinación. No esperaría a Tomás cuando sonara la sirena, sino que iría directamente a la dirección del letrero. Esperaba encontrar una multitud, pero... ¡no había nadie! Llamó tímidamente, se abrió la puerta y un hombre de cabellos grises le invitó a entrar. Entró en un despacho donde había otras tres personas sentadas. Todos esperaban que diera la una. Dio a cada uno el dinero que necesitaban y abrió la puerta. Un pequeño grupo estaba esperando afuera. "¿De verdad les pagó sus deudas?", preguntaron. Cuando los cuatro mostraron el dinero, dijeron todo: "¡Ahora entraremos nosotros!". "¡Si yo hubiera creído el anuncio!", dijo Tomás, cuando su compañero le contó, "el caso es que fui un tonto de remate". Juan le refirió también lo que el anciano les había dicho acerca de la deuda con Dios, que Jesús ofrece pagarnos si le aceptamos como nuestro Salvador. "Por lo menos no hay que llegar tarde para ésta", exclamó Tomás pensativo. La Palabra de Dios nos dice: "La paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro". ¿No quieres recibirla antes de que sea demasiado tarde? |




