Ser rico y poderoso no es la felicidad

¿Qué pensarías de un hombre que lo tiene todo: Inteligencia, dinero, diversión, poder…? Tal vez muchas personas digamos: ¿Y qué más se puede pedir en este mundo? Sin embargo, es curioso que en realidad tuvo todo lo anterior, escribiera: “Nunca me negué ningún deseo, ni jamás me negué una diversión… después consideré lo que tenía y el esfuerzo que me había costado conseguirlo, y me di cuenta de que nada valía la pena y de que nada de esto es provechoso en este mundo”. El hombre que lo tiene “todo” es realmente pobre en ciertos aspectos: Nunca sabrás que se siente tener esperanzas, nutrir el alma con un sueño de algo mejor, ni tampoco conocerá la experiencia de recibir de alguien que lo ama lo que siempre había deseado y no tenía.

Definitivamente, uno no se puede deleitar con un amanecer sin conocer el anochecer, así como no se puede gozar del éxito sin saber lo que es el fracaso. Por lo tanto, para experimentar la verdadera felicidad se debe conocer también la verdadera tristeza. El objetivo de nuestras aflicciones en este mundo es dejarnos el mejor sabor de nuestras alegrías y nuestros triunfos. Ahora cualquiera podría entender por qué aquel hombre que lo tuvo todo de quien hablamos al principio, quien fue uno de los más grandes reyes hebreos, y cuyo nombre era Salomón, terminó diciéndolo: “Mejor es el pesar que la risa, porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón”.

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