Querida mamá…

Querida mamá…

Querida mamá:

Soy tu hijo, ¿recuerdas?

El que debió ser mi padre andaba lejos del país. No bastaron las promesas de amor que escribías y, en su ausencia, surgió otro hombre. De ese romance fui engendrado yo. ¡Qué grato recuerdo guardo, mamá, de los tres meses y 21 días que me cunaste en tu vientre. Me sentí tan seguro!

Había que blanquear el desliz matando al delator, y este era yo. Por entonces no supe de las discusiones con tu amante, pues él quería verme nacido y tu no.

¡Qué peleas! Hasta que le arrancaste el dinero que costó mi defunción! A todo le ponen precio ¡hasta el asesinato de un inocente! ¡Qué caros son los abortos!”, comentaste.

No justifico tu crimen, pero te perdono.

Lo que no me cabe en la cabecita es la maldad de aquella bestia, vestida de blanco. Qué dolor tenebrante cuando me punzó con aquella enorme aguja y me despedazó. Y después aquella maldita aspiradora que se tragó mi cuerpecito a pedazos.

También a ti te traumó. Conozco, mamá, tus largas noches en vela y tus sobresaltos. Sé que me amas, pues sueñas conmigo y más de alguna vez te has preguntado, con remordimiento, si soy niña o niño, o qué alegrías te hubiera traído.

Sabes mami que los niños menos deseados, al nacer, son mas amados. ¡Soy niño! Me parezco más a ti que al seductor que te engañó.

Como me vas a olvidar, si yo a cada momento pido a papá Dios que borre de tu mente esas pesadillas que turban tu descanso y te dan muerte en vida.

Por eso, qué alegría cuando buscaste al sacerdote que te inspiró confianza y te reconciliaste con el Señor de la vida.

Querida mama, quiero verte feliz. Recuerda los consejos que te dio el sacerdote al despedirte: “hija, Dios Padre ya ha hecho su obra de amor en ti, el tiempo irá sanando las heridas; la paciencia de Dios y su misericordia son infinitas. Dios te ha perdonado”.

Mientras te estoy escribiendo, tengo a mi lado a Antonio. Bueno, es un decir, porque mi amigo, al igual que yo no tienen nombre ni apellidos. Lo mató su mamá porque, muy joven ella, una noche que regresaba a su casa, un hombre la violó. Y, porque no amaba a su violador, se deshizo del hijo a las pocas semanas de haberlo concebido.

A mi amigo le obsesiona esta pregunta: “¿Por qué si mi mama no amaba al hombre que la violó, me mató a mi, que la hubiera amado siempre y jamás me hubiera avergonzado de ella?”. Aquí, en el reino del amor, sólo entendemos el lenguaje del amor, por eso no comprendemos esos “argumentos” acerca del aborto, por mala conformación del feto, por violación, por dificultades económicas de los padres, por no querer más hijos, “que la familia pequeña vive mejor”, etc.

Me encuentro que ni las guerras, ni Hitler con sus cámaras de gas letal, han realizado tan criminal y desmedida masacre. Con los abortos se han privado a la humanidad de brillantes filósofos, músicos, pilotos, economistas, profesores, estadistas, pintores, arquitectos, periodistas, santos y santas.

A mi todos me dicen que quizá hubiera sido un habilidoso cirujano o un pianista a lo Mozart. Cuando nos reunamos, mami, ya verás qué manos tengo. Lo que más me agrada es cuando me dicen: “¡tu mamá tiene que ser muy hermosa!”.

No llores mami. Perdónate y ámate como Dios te ama. Olvida tu pasado.

¡Ah, se me olvidaba! Aunque me consumo por verte, no te des prisa en venir, pues mis hermanos te necesitan. Hazle a ellos lo que nunca pudiste hacerme a mi.

Fíjate que cuando bañas al bebé o lo amamantas, no sé, pero me entra un poquitín de añoranza de todo lo que pudo ser y no fue.

Me hubiera gustado ser amamantado con leche de tus pechos, ser acariciado por esas manos tan lindas y tan semejantes a las mías, manos de cirujano malogrado.

Y termino pidiéndote un favor. No para mi comprender, sino para que a otros niños no los maten como a mi. Si conoces a una joven que quiera abortar o un sujeto que monta campanas a favor del aborto o un medico asesino que se burla de Hipócrates, o una enfermera que se presta a este crimen, cámbiales ese corazón de piedra por uno de carne.

Préstanos tu voz a los millones de niños sin voz, y grítales a todos que tenemos derecho a vivir como ellos, y que, aunque nadie nos ame, tenemos derecho a amar.

Exigimos que nos dejen vivir para amar, aunque no nos amen. Es tan triste tener un corazón para nada. Hasta que nos veamos, mami, entonces te enseñaré lo mucho que te amo, te amé y te amaré. ¡Te espero con la boca aun sin estrenar, rebosante de besos que tengo guardados para ti!

Te amo mami…

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