¿Para qué los bienes materiales?

En esta vida, para algunos, llena de cosas materiales, y para otros sin qué comer, ¿qué es lo que se tiene en abundancia y para qué? Ojalá las personas se preocuparan por tener muchos valores, tener sí, pero no sólo bienes materiales, sino sobre todo valores espirituales.

Es cuestionable ver cómo los niños de la calle pueden divertirse con lo menos, pensado, a diferencia de los niños que poseen el juguete más sofisticado, que los papás como adultos materialistas piensan que es el mejor, por ser el más caro.

Esta idea la asimilará el niño al ir creciendo.

Un niño de 3 años le preguntó a su papá:

“¿Dónde está tu papá? El respondió: “Con Dios, en el cielo”.

Unos meses más tarde: “¿Dónde está el perro?”.

(El perro había muerto), la abuelita le dijo: “El perrito ha muerto”.

Y el niño preguntó: “¿Y se fue al cielo?”. La abuelita le contestó que sí se fue al cielo.

El niño tenía muy claro, para este momento, que quien muere va al cielo.

Pero eso no es lo que un adulto cree. Un adulto que se aferra a las cosas de este mundo y pierde la noción de que el hombre tiene que enriquecerse por dentro, no por fuera, y que la paz interior es lo que lo va a hacer rico interiormente.

Ese mismo niño a los 5 años sabe rezar el Padre Nuestro y el Angel de la Guarda, y los reza todas las noches porque está seguro que ellos lo protegen.

Más, es triste que ese niño, con el paso del tiempo, también ha cambiado y empieza a tener el deseo de acumular cosas materiales, porque aprende de lo que tiene a su alrededor. Seguramente cuando sea grande se habrá olvidado que lo más importante es lo que uno sea por dentro, lo que uno hace por los demás, no lo que uno acumula.

También habrá perdido la visión de que la paz interior la da Dios y tratará de llenar ese vacío con cosas.

Es bueno que como los niños, oigamos a nuestro interior y no sólo al mundo exterior.

Piensa si lo que atesoras es para enriquecer tu interior o acumular cosas.

Piensa en cómo estás educando a tus hijos.

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