Llegó el otoño

Llegó el otoño y se metió en mi casa sin permiso. Las hojas del nogal se hicieron de ámbar y un estremecimiento -premonición de invierno- le bajó desde la más alta rama a la raíz.

“Todo es gracia”, decía Georges Bernanos. También todo es belleza. Cuatro estaciones de hermosura tiene el año. Antes la primavera me gustaba; ahora es el otoño el que me gusta. Otoño es la tarea realizada, el fruto recogido.

Es, además, promesa de descanso.

De la montaña baja una larga niebla cariciosa que se unta a los muros de la casa como silente gata inmaterial. Antes me habría asomado por la ventana a ver el paisaje, esfumado paisaje impresionista. Prefiero hoy asomarme a mi interior y ver mi propio otoño pintado de promesas y esperanzas.

Vagas son las promesas, igual que esta neblina, pero alcanzo a columbrar la luz, la misma luz que desde su más alta rama ve el nogal.

 

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