La Navidad o nacimiento de Jesús Cristo

El 25 de diciembre (solsticio de invierno en el hemisferio norte) se festeja la Navidad en toda la cristiandad (excepto en la iglesia ortodoxa). La Navidad, es el nacimiento de Cristo. Veamos porque y desde cuando se festeja el nacimiento de Jesús en el 25 de diciembre.

Actualmente, la Navidad es una fiesta más profana que religiosa. Es tiempo de gran actividad comercial e intercambio de regalos, reuniones y comidas familiares. En Occidente se celebra la Misa del gallo en iglesias y catedrales. En los países de América Latina, de arraigada tradición católica, se celebra especialmente la Nochebuena (24 de diciembre) con una cena familiar para la que se elaboran una diversidad de platos, postres y bebidas tradicionales. También se acostumbra asistir a la Misa del gallo y celebrar con cohetes y fuegos artificiales. En México, la Nochebuena constituye la culminación de una celebración que dura nueve días a la que se llama “las posadas”. Éstas empiezan el 16 de diciembre y conmemoran el viaje de María y José en su búsqueda de alojamiento antes del nacimiento de Jesús.

En el siglo II de nuestra era (100 años después del nacimiento de Cristo), los cristianos sólo conmemoraban la Pascua de Resurrección, ya que consideraban irrelevante el momento del nacimiento de Jesús y, además, desconocían absolutamente cuándo pudo haber acontecido.

Durante los siglos siguientes, al comenzar a aflorar el deseo de celebrar el natalicio de Jesús de una forma clara y diferenciada, algunos teólogos, basándose en los textos de los Evangelios, propusieron datarlo en fechas tan dispares como el 6 y 10 de enero, el 25 de marzo, el 15 y 20 de abril, el 20 y 25 de mayo y algunas otras. Pero el papa Fabián (236-250) decidió cortar por lo sano tanta especulación y calificó de sacrílegos a quienes intentaron determinar la fecha del nacimiento del nazareno. La Iglesia armenia fijo el nacimiento de Cristo el 6 de enero, mientras otras iglesias orientales, egipcios, griegos y etíopes propusieron fijar el natalicio en el día 8 de enero.

Finalmente, dado que en el concilio de Nicea (año 325) se declara oficialmente que Jesús es una divinidad, ya que el padre y el hijo son el mismo, se decidió fijar el natalicio de Cristo durante el solsticio de invierno (en el hemisferio norte) o sea, el 25 de diciembre, fecha en que se festejaba el nacimiento de variadas deidades romanas y germanas. Se tomo por fecha inmutable, durante el pontificado de Liberio (352-366), la noche del 24 al 25 de diciembre, día en que los romanos celebraban el Natalis Solis Invicti, el nacimiento del Sol Invicto (un culto muy popular y extendido al que los cristianos no habían podido vencer o prescribir hasta entonces) y, claro está, la misma fecha en que todos los pueblos contemporáneos festejaban la llegada del solsticio de invierno. Las iglesias orientales siguieron y siguen festejando la Navidad el 6 de enero.

Con la instauración de la Navidad también se recuperó en Occidente la celebración de los cumpleaños, aunque las parroquias europeas no comenzaron a registrar las fechas de nacimiento de sus feligreses hasta el siglo XII.

En un principio la Navidad tuvo un carácter humilde y campesino, pero a partir del siglo VIII comenzó a celebrarse con la pompa litúrgica que ha llegado hasta hoy, creando progresivamente la iluminación y decoración de los templos, los cantos, lecturas y escenas piadosas que dieron lugar a representaciones al aire libre del nacimiento en portal de Belén, el famoso Pesebre.

Aunque la tradición nos ha llevado a creer que Jesús nació en el primer año de nuestra era, lo cierto es que no fue así, ni mucho menos, si nos atenemos a los únicos datos conocidos sobre el particular, eso es a las informaciones vagas y contradictorias reseñadas por sus biógrafos, Mateo y Lucas, que, además, situaron el domicilio habitual de José y María en dos lugares diferentes y muy distantes entre S: Belén (Judea) y Nazaret (Galilea). El mismo Lucas relata en su texto el nacimiento de Jesús en dos fechas distintas, una en el año 6-7 d. C. y otra en el 4 a. C. De esta forma un mismo evangelista, en las cuatro primeras paginas de su texto, dató el nacimiento de Cristo en dos fechas separadas entre S por un mínimo de 10 años. Mateo fijó el nacimiento de Jesús “en los días del rey Herodes” (Mt 2, 1) y, por tanto, antes del año 4 a. C., durante el cual murió el monarca judío.

Los principales expertos actuales fechan el nacimiento de Cristo entre el año 9 y 5 a. C., habiendo un gran consenso alrededor del año 7 o 6 a. C., lo sitúan en el contexto de la población judía de Palestina, y piensan que Jesús residió en Nazaret (Galilea), hasta la edad de cuarenta años, poco más o menos, trabajando en el oficio familiar de carpintero albañil hasta que lo dejo para ir al encuentro de Juan el Bautista, tras lo cual inició el corto período (alrededor de 2 años) de vida pública que relatan los Evangelios.

Si bien el lugar exacto del nacimiento de Jesús no se sabe, ya que los evangelista callan al respecto, una tradición cristiana tardía dio por cierta la suposición de que el nacimiento tubo lugar en alguna de las muchas cuevas calizas que existen en las cercanías de Belén. Habiendo sobrevenido el nacimiento de Jesús, según la tradición católica, mientras sus padres estaban refugiados en una cueva que contenía un pesebre por todo mobiliario, y estando aparentemente faltos de medios materiales y de calefacción (era invierno en esa zona), aparecen en escena los dos personajes infaltables en los pesebres, el buey y el asno, que con su aliento calentaron devotamente al niño recién nacido. Esto es aceptado por la Iglesia, a pesar de que no figura en ninguno de los Evangelios, sino que figura en el evangelio apócrifo (no oficial) denominado Pseudo Mateo, del cuál proviene el relato en el que esta basado el pesebre que adorna todos nuestros árboles de Navidad.

La concepción de Jesucristo, nueve meses antes, según lo cuenta Mateo (Mt 1. 18-25) fue así: María y José estaban desposados, pero todavía no convivían. María, que era virgen, se halló concebida del Espíritu Santo. José siendo un hombre justo no quiso denunciarla como adultera, sino que resolvió repudiarla en secreto. Y, según cuenta Mateo, mientras reflexionaba sobre esto, se le apareció en sueños un ángel y le dijo que no temiera recibir en su casa a María, su esposa, ya que lo concebido en ella era obra del Espíritu Santo. También le dijo, que daría a luz un hijo al que deberían ponerle de nombre Jesús, porque salvaría a todo su pueblo de sus pecados. Y José hizo todo lo que el ángel le mando.

José, el carpintero, fue uno de los hombres más injustamente tratados por la historia cristiana. En las primitivas representaciones de la familia de Jesús, aparecía como un hombre joven, fuerte y sin barba, pero como consecuencia del inicio del culto a María, la figura del carpintero fue postergada y relegada al papel de encargado de aprovisionar de alimento a la familia. Junto a este proceso también se le hizo envejecer hasta la senectud, de forma que, siendo ya nulo su vigor no fuese obstáculo ni sombra de sospecha que impidiese proclamar la virginidad perpetua de María.

Las diferencias que aparecen entre los relatos del nacimiento hechos por Mateo y Lucas (Marcos y Juan ni siquiera se ocupan de ello) pueden deberse a que ambos no se conocieron jamás y escribieron sus evangelios en tierras muy diferentes (Egipto y Roma respectivamente), por lo que adornaron su narración sobre Jesús inspirándose en leyendas ya existentes pero que gozaban de diferente prestigio en un lugar u otro; por eso Mateo tiño de orientalismo el nacimiento de Jesús mientras que Lucas se adaptó a tradiciones míticas que eran más creíbles a la capital del imperio Romano. Las diferencias más notables son las omisiones en el relato de Lucas de la estrella de Belén, los reyes magos, etc., mientras que esto aparece en Mateo. Por su lado Mateo omite el canto que los ángeles hacen a los pastores para que fueran a adorar a Cristo.

 

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