El valor del tiempo

El tiempo es una dimensión convencional ideada por los humanos para organizar la actividad cotidiana. Dependiendo de las circunstancias, damos mayor o menor valor al tiempo disponible. Y dependiendo del uso que le damos, tenemos sensaciones de gratificación por haberlo empleado racionalmente, o de frustración por haberlo malbaratado. El refrán “Todo tiempo pasado fue mejor” tal vez expresa cierta añoranza por el tiempo ido y por las oportunidades que ya no volverán.

El valor que damos al tiempo en nuestra vida puede equipararse al valor del espacio en los centros poblados. Hay quienes valoran cada segundo tanto como un metro cuadrado en una populosa ciudad; mientras otros derrochan las horas del mismo modo que se desperdician vastos terrenos baldíos y deshabitados.

Las personas que asumen el tiempo con sentido radical y extremo desarrollan un sentido de esclavitud y dependencia con respecto a él. Para ellas, cada movimiento del reloj puede convertirse en motivo de agonía. Actúan en función de las horas y los minutos. “No hay tiempo” para vivir, sólo para cumplir con las responsabilidades y compromisos. Curiosamente, tales personas “no tienen tiempo” para detenerse a pensar acerca de cómo utilizan el tiempo. En su lista de tareas pendientes no figura reflexionar acerca de cómo distribuyen su tiempo diariamente.

Hay otras personas, en cambio, para quienes el tiempo no constituye motivo de preocupación. Van por la vida derrochando las horas y los días. El trozo de tiempo que la vida les ha regalado carece de significado. Son personas que les importa poco postergar sus compromisos o llegar tarde a cualquier sitio; su lema es “para todo hay tiempo”. Su rutina cotidiana tampoco incluye reflexionar acerca de cómo distribuir el tiempo disponible.

Quizá la sabiduría humana radica en lograr un balance en el uso del tiempo, de modo que logremos emplearlo productivamente, dedicando momentos a todo lo que tiene importancia: el trabajo, la familia, el hogar, el descanso, la soledad, la meditación, la distracción, la intimidad… Esta decisión es estrictamente personal y depende de los intereses, necesidades, ambiciones y metas de cada quien. Lo importante es que tengamos la satisfacción de que no hemos perdido el invalorable tesoro que significa nuestro tiempo en la vida.

Lourdes Denis Santana

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