El jardinero y el anciano

El jardinero del parque vecino de mi casa observaba que cada viernes un anciano, cuando creía que nadie lo miraba, cortaba algunas flores – las flores que él cuidaba como cancerbero – y se iba luego escondiéndolas en un periódico.

Se propuso reprenderlo por el robo, pero algo lo detuvo. En vez de eso lo siguió. Tomó el anciano un autobús, y el jardinero subió tras él. En la esquina del panteón bajó el anciano, entró en el cementerio y dejó las flores sobre una tumba cuya lápida tenía un nombre de mujer.

Ahora todos los viernes el jardinero forma un pequeño ramo y sin decir palabra se lo da al anciano, que también sin palabras lo agradece.

 

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