El ensayo de Tommy

Un suéter gris colgaba blandamente del pupitre vacío de Tommy, como recordatorio del desalentado niño que acababa de salir tras sus compañeros del tercer grado.

Los padres de Tommy, separados, no tardarían en llegar para una entrevista sobre su pobre desempeño escolar y su mala conducta. Ninguno de los dos sabía que yo había citado al otro.

Tommy, hijo único, había sido siempre un niño alegre y solidario, excelente alumno. ¿Cómo explicar a sus padres que sus recientes aplazos eran una reacción de dolor por su separación y su inminente divorcio?

La madre de Tommy, al entrar, ocupó una de las sillas que yo había puesto cerca de mi escritorio. El padre no tardó en seguirla. ¡Bien! Al menos estaban lo bastante preocupados como para ser puntuales. Tras intercambiar una mirada de sorpresa e irritación, se ignoraron en forma ostentosa.

Les hice un análisis detallado de la conducta de Tommy y su desempeño escolar, rezando por hallar las palabras adecuadas para unirlos y ayudarlos a ver lo que estaban haciendo con su hijo. Pero esas palabras no venían a mi. Tal vez fuera mejor mostrarles alguno de sus trabajos borroneados, hechos al descuido.

En el fondo de su pupitre encontré una página arrugada, manchada de lágrimas. Era una prueba de lenguaje. Había algo escrito por ambos lados: no era la tarea indicada, sino una frase repetida una y otra vez.

Después de alisarla en silencio, se la di a la madre de Tommy. Ella la leyó, y sin decir palabra, la entregó a su marido. El hombre frunció el entrecejo. Luego su expresión se ablandó. Pareció estudiar esos garabatos durante una eternidad.

Por fin plegó la hoja con cuidado y, tras guardársela en el bolsillo, buscó la mano que su esposa le ofrecía. Ella se enjugó los ojos y le sonrió. Yo también lagrimeaba, pero ellos no parecieron notarlo. Él la ayudó a ponerse el abrigo y salieron juntos.

Dios me había dado a su manera, las palabras para reunir esa familia. Me había guiado hasta esa página de papel barato, cubierta con el desborde de angustia de un niño atribulado.

Las palabras eran: “Querida mamá…Querido papá…los amo…los amo…los amo”.

Comentarios

Leave a Comment