Carta de un amigo

Estimado amigo:

Con profunda pena me enteré que lamentablemente estás pasando por una situación sumamente crítica ya que tu salud ha sido quebrantada sensiblemente, también sé, así como tú mismo me lo hiciste sentir, que estás muy consciente de lo que esto puede implicar y estás en manos de Dios.

Si me lo permites mi muy estimado amigo, quisiera decirte que todos los seres humanos tenemos la fortuna de contar con un Dios Todopoderoso y verdadero para quien no existen los imposibles, y quien nos ama con un profundo amor entrañable a todos por igual. Tal es la grandeza de su amor que no escatimó ni a su propio hijo para morir en la cruz del calvario en propiciación voluntaria por nuestros pecados. Debes de saber que Jesucristo jamás cometió pecado o injusticia alguna, El vino al mundo con el propósito de anunciar las buenas nuevas de salvación, y te preguntarás ¿a qué se refiere con salvación?, ¿salvación de qué? Pues bien para esto es importante que sepas que Dios creó a los seres humanos para vivir eternamente. Sé que esto a muchos les suena a fábula, sin embargo es totalmente cierto. Quiero que sepas que así como tenemos un Dios trino, es decir que siendo un solo Dios se manifiesta como Padre, Hijo y Espíritu Santo, asimismo Dios nos creó seres trinos, conformados de Cuerpo, Alma y Espíritu.

El Cuerpo, esa perfecta obra de ingeniería que jamás hombre alguno podrá igualar, está reservada para convertirse en polvo.

El Espíritu es el aliento de vida que Dios nos proporciona a todos los seres humanos, y que está prestado, pues ha de volver a su Creador en el momento mismo de nuestra partida.

Y el Alma, ésta, mi querido amigo, es inmortal. El alma es la parte de la voluntad y del conocimiento de tu ser, el alma es la que mueve, ve, siente, se goza, se entristece; el alma es el don de Dios que nos hace libres para decidir el camino que queramos tomar en la vida. El alma eres tú, es precisamente la parte que está leyendo está carta y que está asimilando estas palabras.

Amigo, Dios quiere que todos nosotros vivamos eternamente felices. Las Sagradas Escrituras dicen que el Reino de los Cielos es Justicia, Gozo y Paz. ¿Te imaginas una vida feliz por siempre? Si en este momento evocas en tu mente el momento más feliz que hayas pasado en la tierra, te aseguro que no es ni siquiera lo más mínimo comparable con la felicidad que Dios nos ofrece, pues consigna la misma Escritura que cosas que ojo no vio, ni oído oyó ni han subido al corazón (pensamiento) del hombre, son las que Dios tiene reservada para los que le aman, es decir que ni siquiera la más ingeniosa de las mentes puede imaginar cuan hermoso es lo que Dios tiene para sus hijos.

Yo quisiera amigo mío que tú, al igual que yo, tuvieras en tu corazón la certeza de saber que lo más importante no es qué tanto tiempo vivamos en esta tierra. El apóstol Santiago escribió: “¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece”. Esto significa que por más que vivamos, no es nada en comparación con la eternidad a la que estamos reservados, así que lo más importante es aprovechar nuestra vida terrenal y la libertad que tenemos, para tomar el camino correcto que nos asegure una eternidad feliz. Te preguntarás: ¿cuál es ese camino? La respuesta Jesús la dijo cuando refiriéndose a El mismo le expresó a sus discípulos: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mi” ¿Cómo tomar ese camino? La Biblia enseña que Jesús, a los suyos vino (es decir al pueblo Judío) más los suyos no le recibieron (de hecho lo mataron crucificándolo), más a todos los que le recibieron (es decir) a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, y estos son nacidos no de voluntad de varón, sino de Dios. También dijo el mismo Señor Jesucristo: “he aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oyere mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo”. Esto quiere decir amigo mío, que Jesús toca a las puertas de nuestro corazón y nos da la libertad de abrir o no. El nos deja elegirle como nuestro camino al cielo, a la vida eterna feliz, o de rechazarle y destinar nuestra alma a un destino triste y horrendo.

Amigo, Jesús nos acepta y nos ama sin mirar a otra cosa más que a nuestro corazón. No importa cuan malos hemos sido, no importa tampoco cuan buenos hemos sido, Dios mira sólo a nuestro corazón arrepentido y humillado delante de El. ¿Sabías tu que Jesús estando en la cruz, con sus manos horadadas por los clavos y con el intenso dolor que le producía estar colgado clavado también de sus pies, su cuerpo herido de tantos azotes con látigo, su rostro sangrante por la corona de espinas y las bofetadas que le dieron en el rostro, así adolorido y abandonado en esa cruz, se atrevió no sólo a perdonar a uno de los ladrones que estaban crucificado a su lado y quien minutos antes le había insultado junto con su compañero diciéndole que si era Dios bajara de la cruz y lo rescatara? Ese ladrón, quien sí merecía la pena de muerte de acuerdo a las leyes romanas de aquel tiempo, ese ladrón, en el último momento se arrepiente y con un corazón contrito y humillado reconoce a Jesús como su Señor y Salvador y le dice: “Señor, acuérdate de mi cuando estés en tu Reino”, a lo cual Jesús, sin el más mínimo rencor, sin mirar su pasado y lleno de amor por esa alma quebrantada le dijo: “De verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”. Jesús se lo llevó con Él, a ese lugar hermoso que deseamos todos los cristianos que hemos creído en Jesús como nuestro Señor y Salvador.

Amigo mío, nada me haría más feliz en este momento que tener la seguridad que algún día estaremos juntos delante de Dios alabando y glorificando su nombre, gozando de una eternidad feliz. Esto es posible si conscientemente y de tu propia voluntad decides abrirle la puerta a Jesús. Yo lo hice hace mucho tiempo, tú lo sabes, por ello mi confianza y tranquilidad, pues sé en quien he creído y que es poderoso para salvarme, y en ese día glorioso (de mi partida) me iré a morar con El.

Aceptar a Cristo, abrirle la puerta es muy sencillo, sólo se requiere de fe, habla con El, haz una pequeña oración en la intimidad de tu corazón donde le digas algo parecido a esto: “Señor Dios mío, reconozco que en mi vida te he fallado muchas veces y te pido perdón, te ruego que no mires mis pecados, yo abro las puertas de mi corazón y te recibo como mi Señor y Salvador de mi vida, te ruego que vivas en mi y que me des la paz. En tus manos pongo mi vida, Gracias Dios mío por tu amor. Amen”.

Amigo mío, si tu haces esto en tu corazón, ten la certeza que te espera una eternidad feliz, y quisiera que tu esposa y tus hijos lo hicieran también y así estar seguros que un día todos estarán reunidos nuevamente. Amigo, nadie tenemos la vida comprada, yo no te puedo asegurar que viviré mañana, pero sí te puedo asegurar que si no es así, es porque ya me fui con Dios.

Te agradezco infinitamente que me hayas leído hasta aquí, quiero que sepas que tu amistad, apoyo y lealtad cuando trabajamos juntos la tengo muy atesorada y de verdad me siento triste por tu dolencia, y de corazón te digo: AMIGO, porque así me lo hiciste sentir. Los amigos verdaderos no necesitan verse a diario ni siquiera de vez en cuando para saberse amigos. Por tanto te ruego en nombre de esa amistad que me disculpes si esta carta te parece ofensiva o te causa algún malestar, pero ésta ha obedecido únicamente al sano interés que tengo que asegures una eternidad feliz, y basado en mi experiencia y en lo que he aprendido de mi relación personal con Dios y de la lectura de su Santa Palabra. Por cierto que también me permití comprar para ti un Nuevo Testamento que te ruego me aceptes. Este contiene la Palabra de Dios a partir de que Jesús llegó a este mundo, hace 2000 años, espero que en tus tiempos de meditación tengas a bien leer la Palabra Santa que no dudo te dará paz y crecimiento espiritual. Te sugiero inicies a leer el Evangelio de Juan (te lo deje marcado con el separador), que es en mi concepto el más claro, y que continúes leyendo cada capítulo como tu lo decidas, en toda la Palabra de Dios hay vida y hay enseñanza; te vas a dar cuenta como Dios te habla a través de su lectura.

Te envío un fuerte abrazo y las oraciones de mi familia por tu salud, por tu vida y por la hermosa familia que tienes y que junto con tu esposa han sabido consolidar y mantener unida. Te suplico que me los saludes uno a uno, Dios los bendiga por siempre.

Sinceramente y con afecto.

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