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“Tu alegría depende de tu forma de vivir”
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Historia de superación y crecimiento personal (Tony Meléndez)
Confesándose con Dios... por medio del sacerdote Cierto día, en misa, un amigo dirigiéndose a otro le comentaba: "Me alegra que por fin te hayas decidido a confesarte... y a comulgar". "¿Confesar yo?", decía el interpelado. "No, no soy tan tonto. Los curas no son necesarios, son hombres como tú y como yo y lo que hago es confesarme con Dios: le cuento lo que me pasa, le pido perdón y listo". "Es asombroso", respondió su amigo, "lo inteligente que eres. La verdad es posible que tengas razón, y que todos los demás seamos unos imbéciles, pero lo que no me cabe en la cabeza es cómo un hombre de tu inteligencia se queda en la mitad". "¿La mitad? No te entiendo", preguntó a la vez el otro. "Sí hombre, contestó. Tú has comulgado y te has arrodillado ante el Sagrario. Pues bien, dada tu mente inteligente y abierta, lo más lógico sería que fueses al mercado, comprases un poco de pan, lo consagrases tú, comulgases y te guardases el resto en una urna, ¿no? Pero a quedarte a medias... "Yo no puedo consagrar; ese poder Dios se lo dio sólo a los sacerdotes, y... gracias amigo, me has hecho ver claro. Tengo suerte, aún hay un confesionario".
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